Parece mentira, pero Dogrel, el debut de Fontaines D.C, se publicó en 2019. Casi antes de ayer. Lo alucinante de los dublineses no es tanto que se negaran a seguir la senda marcada por aquel muy buen disco de rock alternativo de guitarras, sino que su instinto (y gusto) para buscar nuevos caminos haya ampliado su público de manera exponencial. Una conexión que pocas bandas tienen el privilegio de atesorar. Ya decía algún filósofo romano hace dos mil años que la fortuna favorece a los valientes.
Fijándonos en su productividad, y cómo han hecho evolucionar su sonido, hay algo en su carácter que es raro en una época ya prolongada, en la que el revival de trazo más o menos grueso, se ha convertido en una forma refinada de arte que produce rendimientos inmediatos. Pero ya con su segundo álbum, y sobre todo el tercero, el quinteto decidió que ni siquiera estaba dispuesto a copiarse a sí mismo, y este trabajo, como el anterior, no es más que la brillante expresión de esta ambición casi perdida. El quinto disco desde 2019.
El segundo álbum para XL llega poco más de dos años después de su explosión definitiva. El majestuoso single Marianne con su glorioso estribillo y coros celestiales -Mike Mills estaría orgulloso de cómo lo hacen estos muchachos- podía llevar a equívoco, en el sentido de hacernos esperar el álbum electrónico de la formación. Eso habría supuesto seguir un camino relativamente fácil y trillado, el de los grupos de guitarras que de repente se pasan a los sintetizadores analógicos (o a la inversa). Y sí, aquí hay bastantes sintetizadores y baterías sintéticas, pero la banda propone un deslumbrante festival de instrumentación incluyendo guitarras, por supuesto, sonoridades y una producción que combina futurismo con clasicismo atemporal, algo que dominan como pocos.
Desde el arranque hipnótico de Six Shoot Morning, el cantante Grian Chatten prueba distintos registros del barítono de ultratumba a lo Ian Curtis a lo melódico con óptimos resultados. Le rodea un grupo que apuesta otra vez por la contención y por formar un engranaje al servicio de las canciones.
Fontaines D.C. son capaces de resucitar el espíritu de New Order en Mimesis; de vestir de electrónica casi industrial el mencionado primer single Marianne; de combinar oscuridad con un estribillo puramente pop (You Miss Me); de insuflar de hip-hop y dub un tema con alma irlandesa y coros de dibujos animados (Tongue); pero también de completar un asombroso dueto con Rosalía precedido por el preludio de cuerdas de One Man, una fantasía atemporal romántica con un pie en unos años sesenta que nunca existieron. En cualquier registro, Fontaines D.C. se muestran pletóricos, pero también están perfectamente cómodos con una acústica y una voz, la base de todo. Japan podría considerarse la Favourite del lote.
En busca de resquicios de luz en este mundo desquiciado, exhiben humanidad, no son infalibles. Estar dispuestos a equivocarse en lugar de mantenerse cómodamente instalados en los límites de la zona de confort les ha traído hasta aquí. Cierto que en este nuevo álbum lo hacen muy poco, o casi nada. Han encontrado en el músico y productor James Ellis Ford un cómplice ideal para ahondar en un camino estético que los ha llevado a nuevos mundos sin dejarse el alma por el camino. Porque la (buena) música sigue siendo nuestra cámara de dopamina preferida.
JC Peña Mondosonoro