Estos últimos años, especialmente entre los amantes de la escena punk rock en la península ibérica, Cigüeña se han convertido en un referente de pasión, compromiso y verdad. Con mucha carretera y dos álbumes publicados a sus espaldas (Cigueña en 2012 y Neptuno en 2014), la banda de Valencia regresa ahora con este nuevo trabajo de estudio, cuyo título describe a la perfección cuánto vamos disfrutar: Alzad la vista, es el vuelo de la cigüeña
Grabado con Pablo Peiró (Betunizer) en tan solo tres días, el dúo ha llegado a consolidar la anti-fórmula en la que llevaba tiempo empeñado. Es como si la venda que Martín Arlés y Unai Lilly llevaban en las muñecas se hubiera caído por sí misma, a base de tocar y tocar, de mala hostia y de tocar y tocar. La telepatía entre ellos ha terminado por engendrar una bicefalia inquieta y persistente, que ahora suena a otro nivel, el suyo. Esto va de canciones directas, sin adornos ni aspavientos estilísticos de ningún tipo, va de arrojar los prejuicios por la borda, batería, guitarra y voz mediante. Autobiográfico al cien por cien, nos encontramos ante el disco más empoderador en la carrera de Cigüeña. En palabras de Lilly -Una amiga me enseñó una lámina en la que un tejado se desprende de una casa. Aquella noche soñé con esa imagen y me levanté con una idea entre los dientes: Tengo que volar (
).
El vuelo trasciende la realidad cotidiana negando cualquiera de las soluciones preexistentes, para crear una nueva. Al contrario, responde soltando lastre desde el primer estribillo, porque es hora de romper (202) y dejar claro que no daré a torcer el intento, sin haber agotado el aliento (Ventilación cruzada). Todo, hasta saltar a un gran vacío (Tú total) desde el que aprender juntos a remar (648 horas).