Post-punk mínimo de Tokio de 1982 que hará sonreír instantáneamente a cualquier fan de Raincoats, pop imperfecto deslumbrante, bandas que a Kurt Cobain le habrían ENCANTADO y usos excéntricos del espacio, el tono y la melodía que ocasionalmente (y bastante sorprendentemente) estalla en rock de garaje disonante.