Mente en blanco construye una poética singular. A través del verso libre, se perciben en sus páginas la fuerza y la tradición de la mejor poesía universal. Al mismo tiempo, se desplaza hacia la experimentación, hacia la argucia de lo que aún no se ha descubierto.
Enarbola lo frágil, desentierra la delicadeza del dolor, escarba en la memoria colectiva de los cuerpos; de los cuerpos subsumidos en la liquidez del presente. Mente en blanco pudiera entenderse como un anagrama, donde la lectura inversa siempre nos conduce a otro lugar, siempre a otro lugar, insospechado.