Hay una curiosa convivencia de hábitat entre cielo y subsuelo en la música de BARIRI.
El vuelo que el artista vasco-argentino tiene es absolutamente único: su voz nos puede llevar a un código desenfadado casi indescifrable, como una suerte de Pity Álvarez o Yung Beef intervenidos por el groove contemporáneo; y sus canciones oscilan igualmente entre el rock, el hip-hop y el pop alternativo más brillante.
"Después de esa nube" reivindica ese universo autóctono, que bebe de frecuencias que van desde Gorillaz a Intoxicados, de Thundercat a Charly García, de Outkast a Dillom; y que revalida lo hecho hace cuatro años en "Aupa Carajo", su sorprendente debut, que lo colocó en un mapa híbrido entre los códigos más angulosos del rock argentino y una suerte de hip-pop alternativo fabuloso.
Este nuevo ejercicio cuenta con la producción del propio BARIRI junto al uruguayo Lucas Piedra Cueva (ingeniero que ha trabajado con Jorge Drexler, Xoel López, Valeria Castro o Calequi y las panteras, entre otros), excepto un par de temas, que ha contado con la producción de Pink Puppy; además de contar con instrumentistas de bandas como Ralphie Choo, Club del Río, Los Telepáticos o la Naked Family, entre otros.
Un cancionero en el que BARIRI habla de sus amores, de sus vicios, de sus virtudes, de su familia; y en donde demuestra una capacidad innata para las melodías redondas y para generar una curiosa mezcla de razas sonoras entre el rock argentino más identitario y el código más contemporáneo de un pop groovero, sexy y a la vez.