Las guitarras de Ginebras nunca habían sonado mejor, tampoco tan diferentes. Acostumbrados a himnos instantáneos donde todos cabemos, desde niños (Chico Pum) hasta abuelos (Paco y Carmela); Magüi, Sandra, Raquel y Juls afrontan un cambio de paradigma en el que abandonan lo popular en pro de convertir lo íntimo en universal.
Donde nada es para tanto es su disco más rockero y vulnerable hasta la fecha. También el más generacional y sáfico. El verbeneo al que nos tienen habituados queda relegado a un par de temas entre los que destaca Come aquí, aunque no por las razones correctas. La idea del título, en constante repetición, entre silbidos infantilizados y lírica de after y twerking junto con la voz Manolizada de Magüi, acaban llevando el tema a un lugar algo incómodo.
En su registro inédito, la balada, encontramos las dos mayores joyas del disco. El riff distorsionado de Mundo Hostil junto con el de Vueltas conforman los mejores de su discografía. Además, el tema aborda el amor desde lo distópico, con una perspectiva oscura nunca antes vista en la formación. El bosque por su parte supone el corte más confesional de su trayectoria. La voz de Sandra -en el único tema donde Magüi no es vocalista- y la sensibilidad que convierte en desfogue a lo largo del corte, hacen de este esa buena e inesperada sorpresa que aguardábamos en el álbum.
Su vertiente más pop-rock, latente en temas como el focus track Mi Diario, Rechazada viva o Vueltas, más allá del evidente y positivo salto instrumental, tiene gancho, garra e intensidad, pero carece de imaginación. Ante la manida y repetitiva escena guitarrera de la capital, nos encontramos frente a una obra innovadora para ellas y más de lo mismo para nosotros. Con buenos temas, aunque nada es para tanto.
Martín P. Corral-Mondosonoro