En una época en la que todo parece colapsar, las inteligencias artificiales dominan cada vez más espacios y la música se convierte en un producto de consumo programado, Extraño Weys vuelven a la carga fieles a su manera de hacer las cosas, de construir el sonido y de posicionarse.
"Las abejas palman pero los pajarus todavía cantan" es una declaración de intenciones y, sobre todo, un nuevo viaje a una cueva inexplorada para extraer lo que sea que haya escondido, sin preocuparse de si son diamantes o carbón. El resultado, como siempre, es pura artesanía. Un collage de luz y oscuridad honesto y sin artificios.
Con Viktor Pizza al frente de la producción, este nuevo trabajo explota la idea del remix hasta sus últimas consecuencias (un detalle significativo: sólo una de las canciones fue grabada originalmente con la base instrumental definitiva). Beatos imposibles que crean el contexto ideal para las barras de Rodrigo Laviña: descolocandolo y deslocalizándolo cuando conviene y generando cambios de atmósfera inesperados que en cada canción llevan al oyente a una nueva dimensión, un viaje de 25 minutos sin pausas.
El disco cuenta con las colaboraciones del Chico de Tona, Poor Trámite, C.H.A. y, como no podía ser de otra forma, del Gordo del Puru, miembro díscolo del proyecto y colaborador inevitable en todas sus aventuras. Combinando estilos, generaciones e influencias para ofrecer un trabajo rico en texturas y perspectivas. 100% kilómetro cero de la escena hip-hop ultra-local.
Como siempre, cabe destacar que el álbum de estudio es sólo una de las dos caras del proyecto Extraño Weys. En los conciertos descubrimos la otra, la complementaria: una propuesta de hip-hop mediterráneo elevándose sobre una orquesta de lujo que congrega a un equipo de músicos de renombre del mundo jazzístico local. Un espectáculo que tiene su pilar en el rap pero ofrece toda una paleta de colores musicales que van del jazz en el bolso, del garaje a la psicodelia setentera o del groove al free.