En el tercer disco de Terrestre, el trío madrileño despliega un paisaje sonoro instrumental que se mueve entre lo plácido y lo abrupto, lo etéreo y lo contundente, lo continuo y lo sincopado, enmarcado en una atmósfera general bastante inquietante y algo oscura.
Profundizando en el equilibrio de influencias entre postrock, postmetal, stoner e incluso doom, las canciones fueron escritas tras el cambio de formación que llevó Carlos Prieto a la batería en 2020. Maere, el tema que da nombre al disco, fue escrito hace mucho tiempo durante un breve paso con Andreu Bozada al frente de las baquetas, y ha sido recuperado y reacomodado a la nueva formación.
El nombre proviene de Mare (Maere en inglés antiguo), una especie de demonio o criatura nocturna que presiona tu pecho mientras duermes, provocando pesadillas y que toma diferentes formas en diferentes folclores, como el germánico y el eslavo.
Simboliza los tiempos oscuros que vivimos, en un mundo que comienza a ver sus peores pesadillas hacerse realidad en forma de distopía, acechado por nuevas amenazas climáticas, represivas, bélicas, genocidas, pandémicas, todas ellas atravesadas por la codicia, el individualismo. , ecpatía y resucitar viejos fantasmas que se creían superados.